Todo el mundo conoce al menos una historia de infidelidad descubierta a través de Facebook o Twitter. Algunas tienen consecuencias desastrosas: Anthony Wiener, excongresista estadounidense, twitteó por error una foto erótica con destino a una de sus followers, lo que generó un escándalo que le costó su escaño parlamentario. Pero el engaño por Internet no siempre tiene que terminar en desastre, pues hay un sitio que tiene herramientas para facilitarles las cosas a los infieles: Ashley Madison.
Ashley Madison, el paraíso de los infieles

El servicio nació en 2002 en Estados Unidos, en 2005 se expandió a Brasil, México y algunos países de Europa, y desde junio comenzó a operar en Colombia. Hoy tiene más de 15 millones de usuarios en 25 países, 17.000 de ellos en Latinoamérica. Se trata de un sitio que combina las funcionalidades de una red social con algunas características de seguridad que, según sus responsables, garantizan que los mensajes, fotos y chats que publique el usuario no vayan a caer en manos equivocadas.
¿Cuáles son esas características? Brinda un canal privado para conocer personas con las cuales tener una aventura, tiene una opción para que las fotos y los mensajes solo sean accesibles para quienes tengan una contraseña para entrar a un ‘escaparate privado’, permite registrarse de forma anónima e incluye un ‘botón de pánico’ para que el usuario pueda salir rápido del sitio en caso de emergencia. Incluso, los pagos que se hagan en el sitio no aparecen a nombre de Ashley Madison en el extracto bancario, pues son registrados con otro nombre.
Es (casi) como cualquier sitio de citas.
En principio, el usuario de Ashley Madison ve las opciones que vería en cualquier otro sitio de citas. El usuario crea su perfil –con un nombre falso, si quiere–, introduce sus datos, un correo electrónico y ya está adentro. Sin embargo, Ashley Madison de entrada es mucho más explícito que un servicio tradicional para conocer personas: entre otras opciones, el usuario puede seleccionar si busca ‘lo que sea que lo excite’, o si quiere una experiencia en la que ‘todo vale’.

El usuario puede ser muy directo a la hora de decir qué está buscando.
Los perfiles también son más explícitos que los de otras alternativas para encontrar pareja en línea. Algunos miembros indican con detalle sus preferencias en la cama, y las fichas de usuario cuentan con una zona en la que son calificados por otros que hayan interactuado con ellos, en los que pueden darles medallas –por ejemplo– por su buena conversación o su gran apetito sexual. Aunque las personas solteras también pueden tener perfil en el sitio, todo en él está diseñado para motivar y facilitar la infidelidad.
Los usuarios gratuitos pueden hacer algunas cosas, como enviarles ‘guiños’ –algo parecido a los ‘pokes’ o toques de Facebook– a otros usuarios, navegar entre otros perfiles o enviar y recibir fotos públicas. Pero la experiencia completa solo se obtiene cuando se compran ‘créditos’, que cuestan entre $300 y $600 pesos cada uno y permiten llevar a cabo más acciones. Por ejemplo, enviarle un mensaje a una nueva persona vale cinco créditos, y una sesión de chat con otro usuario vale 30 créditos por media hora. Si el usuario quiere aparecer en los primeros lugares de las búsquedas, puede comprar el servicio ‘prioritario’, que vale $36.000. Quienes compran créditos también acceden a la función de enviar fotos privadas y no tienen limitaciones en sus mensajes recibidos.
Es un servicio costoso, pero –según David Benoliel, vicepresidente para Latinoamérica de Ashley Madison– “la gente lo está pagando. Obtenemos ganancias todos los meses“, afirma. Latinoamérica sigue la tendencia mundial, en la que cerca del 40% y 45% de quienes entran son mujeres y 55% a el 60% hombres. Sin embargo, Benoliel afirma que “en Colombia las mujeres jóvenes están entrando casi tan rápido como los hombres“, aunque ellos sean quienes más accedan a los servicios premium.
Oportunidad de negocio.

Esta valla instalada en Madrid causó revuelo nacional en España. Foto: VanityFair.es
Cuando Ashley Madison estaba decidiendo si entraba o no al mercado colombiano, su equipo se puso en la tarea de examinar las tendencias de búsqueda en Google en el país. “Encontramos que, sin haber abierto el sitio local, teníamos 200.000 visitas de Colombia que llegaban buscando cosas como ‘encontrar mujeres’ o ‘tener una aventura’“, cuenta Benoliel. Hoy, Colombia es el cuarto país de la región con más usuarios del servicio después de Brasil, México y Argentina.
Algo similar ocurrió cuando el sitio era apenas un proyecto. Para el sitio, los infieles son un nicho como cualquier otro. “Así como hay sitios de citas para cristianos o asiáticos, vimos un mercado de personas que necesitaban un sitio para buscar pareja discretamente y lo aprovechamos“, afirma Benoliel. El resultado los ha llevado no solo a ser una empresa exitosa, sino a estar en el centro de las críticas. Y lejos de ponerse a la defensiva, la han alimentado y aprovechado.
Su publicidad ha sido prohibida por aeropuertos y sistemas de transporte público en Estados Unidos y Canadá, e incluso la NBC rechazó un anuncio del sitio en el Super Bowl de 2009. Pero cuando los avisos han sido publicados, también han generado polémica. Uno de ellos, aparecido en un diario gratuito de Nueva York, irritó a muchas personas al publicar la foto de una mujer con sobrepeso con el texto “¿Te asustó tu esposa anoche?” Además, el sitio utiliza la imagen de infieles famosos –políticos, actores o celebridades– para promocionar sus servicios. Si los personajes de la foto los hubieran usado, dicen los anuncios, no habrían sido descubiertos.
El aviso con el que anunciaron su llegada a Colombia fue de ese mismo estilo. Mientras en ese momento el país se enteraba de la contratación de prostitutas por parte de agentes del Servicio Secreto, el sitio puso una valla en Bogotá anunciando que el “Servicio Secreto de Estados Unidos llegó a Colombia“.
Benoliel admite que “es difícil encontrar espacio para nuestra publicidad, pero es una buena manera para comenzar a hablar sobre estas cosas“. Según dice, “hay una doble moral con respecto a la infidelidad“. El éxito de Ashley Madison muestra que la gente de hecho es infiel, pero la reticencia que causa el sitio muestra que no es un tema que muchos acepten que se discuta en público. Paradójicamente, eso es lo que hace que Ashley Madison sea el negocio millonario que es.

















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